Patricia Ossa. Pinturas 2011

fechas

19 julio 2011 al 10 septiembre 2011

en

Centro de Extensión Pontificia Universidad Católica de Chile, Sala Blanca

Alameda # 390, Santiago, Chile.

En la presentación de 2011 Campaña escribe: “Patricia Ossa se instaló hace ya casi un año en Catapilco, en una casa-taller ubicada en lo alto de un cerro, una construcción de estructura simple y de amplios ventanales que invitan a contemplar una inmensa y sobrecogedora vista del Valle Central de Chile. En este escenario se concretaron cada una de las pinturas de esta exposición. Ossa pintó rodeada de una vista panorámica que abarca y comprende diversos fragmentos de tierra –entre ellos un cercano viñedo–, según el día, cielos limpios o nubosos y una línea de horizonte lejana cuyos ritmos ondulantes acusan la presencia de las montañas. El audio que la acompañó fue la alternancia del sonido del viento, el silencio y, muy de vez en cuando, una tenue o fuerte percusión que se encargaba de anunciar el paso de una llovizna o de un temporal. Acaso estimulada por este paisaje, tan distinto a aquel de la capital, es que Patricia Ossa decide dar protagonismo, en sus lienzos de mediano formato, a una suerte de paños o registros, que se pliegan y despliegan, cada uno de los cuales acoge un color. En trabajos anteriores ya había incorporado biombos y telones, pero entonces éstos eran  solo parte de una escenografía y su función no era otra que  contener o realzar a las figuras. En esta ocasión, los paños cromáticos no contienen ni sirven los propósitos de figura alguna y se pueden entender como un intento de la autora por plasmar su actual entorno; esa geometría natural que la ha acompañado durante su hacer pictórico del último tiempo. En este cuerpo de obras también hay cabida para la exaltación de lo humano. Destaco una serie de lienzos de pequeño formato donde el rostro de una mujer ocupa la totalidad del soporte. Entre éstos, es posible identificar las facciones de algunas de las características figuras femeninas de Jan Vermeer, esas que a pesar de su intensidad, viven en una especie de soberano aislamiento, inabordables, en una soledad complaciente”.